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Portada arrow Mitos y Significado arrow Posición y Poder arrow Mito de Faeton y el Carro de Apolo
Mito de Faeton y el Carro de Apolo Imprimir Correo
28-03-2008 a las 07:33:23

"Ir muy lejos demasiado deprisa"

El triste mito griego de Faetón revela muchas de la aspiraciones y dificultades del joven que busca su lugar en el mundo, y constituye una seria advertencia contra el intento de ir demasiado lejos y muy deprisa. Lo que quizá sea más importante es que también nos enseña que intentar emular a un padre o una madre, a quien admiramos, no siempre es un modo inteligente de descubrir nuestra propia vocación.

Sustentado por relucientes pilares, el palacio de Apolo, el Dios Sol, se erguía resplandeciente y brillante en los cielos. A este bello lugar llegó Faetón, el hijo de Apolo y de una mujer mortal. Faetón vio a su divino padre sentado en un gran trono de oro, rodeado por su séquito: los Dias, Los Meses, los Años, Los Siglos, las Estaciones y moviéndose de un lado a otro con gracia, las Musas que tañian una música dulce.Image

   Apolo se sorprendió al ver al bello joven, que permanecía de pie contemplando con admiración silenciosa la gloria que lo rodeaba.

   __¿Por qué has venido aquí, hijo mío? __preguntó Apolo.
   __En la tierra, los hombres hacen burla de mí y calumnian a Clímene, mi madre __replicó Faetón__. Dicen que solo es una pretensión mía el afirmar que tengo un origen celestial, ya que, en realidad, tan solo soy hijo de un hombre común y desconocido. De modo que he venido a rogarte que me des alguna señal que pueda probar a todo el mundo que mi padre es Apolo, el Dios Sol.

   Apolo levantó a su hijo y lo abrazó tiernamente.

   __Nunca te desconoceré ante el mundo __le dijo al joven__. Pero si necesitas algo más que mi palabra, te juro por la laguna Estigia que tu deseo te será concedido sin importar lo que sea.

   __¡ Entonces haz que mi sueño más audaz se haga realidad ! __exclamó Faetón__.

   ¡ Permíteme conducir solo por un día el carro alado del Sol !

  El temor y el pesar ensombreció el rostro resplandeciente del Dios.

   __Me has obligado a decir palabras imprudentes __dijo tristemente__. ¡ Si pudiera retractarme de mi promesa ! Porque me has pedido una cosa que está más allá de mis  posibilidades. Eres joven, eres mortal, y lo que ansías solo se les concede a los dioses, y no a todos, pues solo a mí me es permitido hacer lo que tienes tantos deseos de probar.  Mi carro debe avanzar por un camino muy pendiente. Es una subida dificil para los caballos, incluso al amanecer cuando están frescos.

   El centro del recorrido se halla en el cenit del cielo. A menudo yo mismo me siento estremecido de miedo cuando, a semejante altura, me encuentro en posición vertical en el carro. La cabeza me da vueltas y cuando miro hacia la tierra abruptamente y requiere una mano muy firme en las riendas. Incluso si te doy mi carro, ¿cómo podrías controlarlo? No insistas en que mantenga la palabra que te dí; cambia tu deseo mientras todavía hay tiempo. Elije cualquier otra cosa que te pueda ofrecer la tierra y el cielo. ¡ Pero no me pidas algo tan peligroso !

Pero Faetón insistió e insistió; y como, después de todo, Apolo había dado su sagrado juramento, tuvo que tomar a su hijo de la mano y conducirlo al carro solar. El palo, el eje y las llantas de las ruedas eran de oro, los radios eran de plata, y el yugo brillaba con piedras preciosas. Mientras Faetón se quedaba maravillado, por el este comenzaba el amanecer. Apolo ordenó a las Horas que uncieran los caballos y le aplicó a su hijo un ungüento mágico para que pudiera soportar el calor de las llamas.

   __Hijo mío, no uses la agüijada y utiliza las riendas porque los caballos avanzarán por su cuenta __dijo__. Tu trabajo consistirá en aminorar su vuelo. Mantente alejado de los polos Norte y Sur. No conduzcas demasiado lentamente, para evitar que la tierra se incendie, ni demasiado alto, para que no quemes el cielo.

   El joven apenas oyó el consejo de su padre. Saltó sobre el carro, y los caballos iniciaron el recorrido, atravesando la neblina matutina. Pero pronto sintieron que su carga era más ligera que la acostumbrada, y el carro comenzó a tambalearse y a sacudirse en mitad del aire y después viró bruscamente din dirección, al tiempo que los caballos se salían  del trillado camino celeste y se empujaban unos a otros con prisa salvaje.    Faetón se atemorió. No sabía cómo debía tirar de las riendas, ni dónde se hallaba, y tampoco podía dominar a los animales. Cuando miró hacia abajo a la tierra, sus rodillas templaron de terror.Image

   Queria llamar a los caballos pero no conocía sus nombres. Pasaron a través de nubes errantes, y estas se incendiaron y comenzaron a arder. Se lanzaron hacia las estrellas fijas, y la tierra comenzó  a enfriarse y a congelarse y los ríos se convirtieron en hielo.  Después los caballos se lanzaron hacia abajo, directo a la tierra. La savia de las plantas se secó, y las hojas de los árboles del bosque se secaron también y comenzaron a arder. El mundo entero estaba en llamas y Faetón comenzó a sufrir el calor insoportable.

  Se sentia torturado por el humno y las nuves de ceniza que se elevaba de la tierra ardiente. Un humo tan negro como la brea le invadia por todos lados. Y entonces su pelo comenzó a arder. Se cayó del carro y comenzó a dar vueltas por el espacio como una estrella fugaz hasta que, finalmente mucho más abajo, los brazos del océano se lo tragaron.

   Apolo, su padre, que había sido testigo de esta temida visión de destrucción, se cubrió la cabeza radiante y se lamentó con pesar. Se dice que ese día no hubo luz en el mundo; solo brillo por todos lados la gran conflagración.

 

Última actualización ( 12-02-2013 a las 19:42:22 )

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