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Portada arrow El Gran Diseño arrow La Tierra y el Cielo
La Tierra y el Cielo Imprimir Correo
17-01-2012 a las 16:13:01

   El fenómeno primordial es que tierra y cielo constituyen los cimien­tos de nuestra comprensión del espacio, y, en consecuencia, del tiempo y del orden.

    La tierra sobre la que vivimos se abre en cuatro direcciones ante nosotros, por delante, por detrás y a cada lado, ha­cia la bóveda cobertera del cielo: así es como conocemos el espacio. Experimentamos la alternancia de días y noches según el Sol sale o se pone en torno nuestro: así es como conocemos el tiempo.

 Los mitos básicos de todas las culturas abarcan una cosmogonía, una descripción de la génesis del cosmos en la cual la pareja Tierra-Cielo resulta ser uno de los primeros elementos.  

  En la antigüedad, los sacerdotes de Heliópolis, la Ciudad del Sol del Bajo Egipto, nos enseñaron que en medio del informe océano primordial (conocido como Nun o Nú), y durmiendo en un capullo de loto, se encontraba Atón, cuyo nombre significa tanto «no ser» como «completo».Dios Ra

   En su momento, y mediante su fuerza de voluntad, salió de su no ser y se manifestó como el dios Sol Ra, conociéndosele por ello también como Atón Ra. Esta divinidad suprema llevaba dentro de sí a los gemelos niño y niña Shu y Tefnut, que en su momento concibieron a Geb, que era el dios de la tierra, y a Nut, que era la diosa del cielo. Estos dos últimos yacieron ilícitamente.

Al saberlo, Ra ordenó a Shu, el dios del aire y el espacio, que se abriera paso a la fuerza en­tre sus cuerpos y que los mantuviera apartados. A Nut se la impulsó hacia arriba y allí permanece para toda la eternidad, extendida en su clásica postura sobre la Tierra apoyada sobre brazos y piernas, los cuatro pilares del firmamento. Las estrellas se encuentran en su vien­tre y todos los días, de su salida a su caída, el barco del dios Sol Ra transita por su espalda.

Abajo, Geb gime intentando levantarse para alcanzar a su amada, y los agónicos movimientos de su cuerpo for­man las cadenas montañosas de la tierra.

   Dios Ra De ahí en adelante, Ra prohibió que su nieta concibiese hijo al­guno en ningún mes del año, pero Nut encontró el modo de saltarse esta prohibición aparentemente absoluta. Acudiendo en su ayuda con un ingenioso truco, el dios Tot jugó a las damas con la Luna (con la que se le identifica en las creencias egipcias), y a lo largo de cier­to número de partidas llegó a ganar una setentaydosava parte de la luz de la Luna. Con esa luz creó cinco nuevos días que no pertene­cían a ninguno de los meses del calendario egipcio, de 360 días, y en ese limbo fuera del orden habitual del tiempo Nut pudo dar a luz a cinco hijos a los que llamó Osiris, Horus, Set, Isis y Neftis. 

   La aparición de la diosa celestial en una descripción mítica de intercalación (la adición de días al calendario para mantenerlo a la par del año solar) nos pone sobre aviso de un principio importante: los mitos cosmogónicos van más allá del marco Tierra-Cielo como en­tidad espacial y se refieren al tiempo y a la cronología, que son con­secuencia de los movimientos celestes y que tienen la máxima im­portancia para las prácticas y las reglas rituales de las sociedades antiguas.

   Teogónia, de Hesíodo, escrita en torno al siglo VIII a.C., es el registro más antiguo con que contamos acerca de las ideas griegas sobre la creación del cosmos. Aparte de una transposición de géneros, el relato griego presenta paralelismos significativos con la concepción egipcia, paralelismos que fueron reconocidos por los propios autores griegos.

En el principio fue el negro Caos y después la aparición de la fértil Gea, la Tierra de generosos pe­chos. Esta dio a luz a Urano, el gran dios celeste co­ronado de estrellas y de una magnificencia igual a la de Gea, que cubrió a la Tierra y yació con ella.

   Sin embargo, los hijos de su unión fueron dos razas de monstruos, los Titanes y los Cíclopes, obligándoles Urano a permanecer en el seno de la Tierra. Como venganza por su atrocidad, Gea fabricó una hoz para el últi­mo de sus hijos, Cronos, quien castró a su padre cuando volvió con el propósito de aparearse nuevamente con Gea.   

Saturno castra a UranoDe la herida brotó sangre negra, y de ella salieron las Furias (deidades malignas y temibles, de las que se creía que vivían en el inframundo, desde donde envia­ban la desgracia a los que vivían en la tierra); entre tan­to, los genitales, arrojados al mar, se abrieron forman­do una espuma blanca de la cual nació la bella diosa del amor Afrodita.

Así, en la mitología griega encontramos el tema de Cronos, más larde identificado con el tiempo y con la interpretación astrológica del planeta Saturno, que impi­de violentamente la unión entre Cielo y Tierra.

La separación de los dos reinos, un tema recurrente en las mitologías de todo el mundo, suele ir acompañada de las necesidades o las fechorías de la humanidad, en lugar de un episodio de la creación primordial.Image

Se considera que los  antiguos súmenos creían que an (el cielo) y ki (la tierra) eran un solo lugar hasta que ki fue anexionada como reino para la vida del genero humano, En ocasiones, la separación es un acto de justicia divina: los dinka del sur de Sudan creen que los mundos celestiales y terrenales estaban antaño mucho cercanos, pero que fueron separados como forma de castigo por los pecados de la humanidad.

Con frecuencia, se conciben los mundos terrenales y celestiales unidos por un árbol o una escalera. En un mito de los yakutios nómadas de Siberia, se cuenta que un cha­mán rescató a una mujer del mundo superior que había sido raptada por habitantes celestes con cabeza de cuervo para servir de novia a uno de los de su clase; se trata de una de las muchas historias que presentan paralelismos con el cuento infantil conocido en Occidente como Juanito y la mata de judías.

La noción del cielo como morada de los dioses está muy extendida, y explica el significado sagrado que en muchas culturas tienen las aves que vuelan muy alto, como el águi­la. Para los aztecas, el águila representaba el poder celestial del Sol naciente, que entabla batalla con la oscuridad, repre­sentada como una serpiente.aguila azteca

Muchas tribus nativas de América del Norte atribuyen un estatus todopoderoso al Pájaro del Trueno, el Espíritu del Trueno, una criatura parecida al águila cuyo batir de alas re­suena semejando truenos. Se dice que el Pájaro del Trueno es el mensajero entre la tierra y el cielo: siempre que los hom­bres rezaban al Padre Sol, sus pensamientos eran llevados ha­cia el Cielo por esa ave.

El sentido de una relación vital entre tierra y cielo (es éste el principio fundador de la astrología) suele reflejarse en las manifestaciones de ritual y ceremonia, fin los ritos bautismales de muchos pueblos africanos, al igual que en los de pueblos nativos de América del Norte y del Sur, los recién nacidos eran ofrecidos a los cielos nocturnos para impulsar el inicio de sus destinos celestiales.

Última actualización ( 15-01-2012 a las 15:49:32 )

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